Oídos sordos que son la embriaguez de la noche muda.
Enceguecedora en brillos instantáneos a través de la histeria.
Y la lluvia cae una vez mas sin que nada pasé.
Oídos sordos que son la invasión de la histeria,
Posibilidades de desavenencias en el interior del instante.
Fragua a partir de la cita que no se cumple.
El mejor ajedrecista del pueblo no se presenta al torneo porque no puede asumir la burocracia de hacer los papeles de inscripción. No cumple tampoco la cita que se le ha otorgado para acudir a la final del certamen en calidad de miembro honorífico.
Todo acontece sin él.
El llega tarde, saturado de vehemencia, vanagloriado en sus ilimites estrategias, repleto de ese ego de sapo bravo.
Y descubre que toda la muchedumbre aclama a su rival, mucho menos aventajado, muy menos docto en el movimiento de las piezas.
Y descubre un velo, donde por fin, él no es nadie mas que aquel que no acudió al certamen.
La gente lo respeta tanto que lo saludan e integran rápidamente en la gran fiesta. Incluso algunos le revelan jugadas decisivas y comentan cómo el joven competidor supo sacar provecho de los empates, supo atacar cuando debía y aguantar hasta el ultimo momento.
El ajedrez es como el mundo.
En eso se parecen tanto.
El joven que llegó a la cita, se sometió al mundo e hizo de la burocracia su mejor aliada. Supo ser el ganador del torneo porque construyó con creces en sus debilidades las debilidades de su oponente, mucho mas preparado y seguramente merecedor único del certamen.
Pero así son las cosas, nada le he es dado a aquel que anticipa en su excelencia su único valor. Nada le es otorgado a quien no sacrifica su gloria por lo cotidiano.
Ahora sus admiradores admiran la valentia de otro, el nuevo, quien mantuvo la calma.
En medio del festin, y encaramado sin saberlo en los brazos de muchos,
nuestro insigne y nuevo campeón busca al maestro para estrechar su mano, sabiendo que es merecedor también de sus elogios, pero lleno de humildad petrificada en sus ojos.
Y el maestro debe ceder por su condición a también estrechar su mano, aun hinchado de molestia, porque por fin asume que no fue capaz de cumplir con lo más elemental y ahora evade su mirada.
No es la paciencia la virtud de la que debemos aprender en esta fabulilla. No debemos aprender nada de estas palabras.
Como palabras van al viento y en el viento se diluyen con acordes y estramboticos ruidos que tambien ahora emitimos sin saberlo.
3 comments:
MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA
MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA
MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA
MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA
MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA
MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA
MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA
MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA
MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA
MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA
MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA
MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA MANCHA
Un gusto de encontrar un caminante en Eslovenia.
Otra caminante en Eslovenia
Maria
bbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Post a Comment